CAPÍTULO 3 :ELLAS
La mañana siguiente es otra como otra cualquiera en la vida del artista Michael Jackson, una mañana más con aspecto demacrado y unas profundas ojeras por no haber podido dormir bien. Aunque lleva sufriendo de un insoportable y persistente insomnio desde hace años cada vez, conforme pasan los años, lo lleva peor.
No obstante y aunque aún es un hombre joven, ya tiene más de treinta años y su energía no es la más misma que cuando tenía diez años menos y apenas había dado sus primeros pasos en su carrera como solista.
No es un hombre romántico o al menos eso dice él, pero quisiera tener una mujer a su lado.
Extraña poder formar una familia si bien es consciente que no es una persona con la que sea fácil convivir, quizás por sus propios temores al matrimonio.
Su profesión no le permite pasar mucho tiempo con su esposa, y no está dispuesto, al menos de momento, a sacrificar parte de su carrera por nadie. Solo lo haría por sus hijos cuando los tenga.
Además su lucha para desenmascarar a los corruptos, mentirosos y mafiosos del mundo le coloca en una situación peligrosa para su propia existencia. Él asume el riesgo que corre, pero no puede exponer de esa manera a nadie más.
Ante el espejo de su habitación observa su aspecto sin las extensiones de pelo que han creado para él y que oculta las consecuencias que el accidente de Pepsi dejó en su cabeza.
Si la gente que le odia, en especial la prensa, le vieran en ese momento se burlarían de él y serían más crueles de lo que ya son. El cantante suspira con tristeza, la gente es tan cruel con aquello que desconoce...
Necesita un cambio y lo necesita ya. ¿Por qué no cambiar de imagen y renovarse?
—Te espero aquí en una hora. He decidido que quiero el pelo corto. —le dice el cantante a la persona que se encarga de su cabello.
—¿Estás seguro? Tu melena rizada es algo muy característico tuyo. —responde alguien al otro lado del teléfono.
—Totalmente. Necesito hacerlo. No quiero parecerme al Michael Jackson de los últimos años. —asegura el cantante.
—De acuerdo. Estaré allí lo más pronto posible. —responde su interlocutor un tanto sorprendido.
Lejos de allí, en la otra punta de la ciudad, Frances Monroe despierta con una sonrisa en los labios y se despereza en la cama. La rubia de cabello ondulado, corto y curvas voluptuosas que acostumbra a dormir desnuda, se dirige a la ducha. Abre el grifo de la bañera e introduce la punta del dedo gordo de uno de sus pies para comprobar la temperatura del agua.
Cuando se cerciora que la temperatura es perfecta se mete en la bañera y se tumba en ella dejando que el agua cubra por completo su cuerpo, excepto la cabeza.
La voluptuosa mujer cierra los ojos y disfruta de la sensación tan placentera de estar tomando un baño.
Esa es sin duda una de las mejores cosas de la vida, aunque no lo hace tan a menudo como quisiera pues es consciente de la cantidad de agua que se malgasta de esa manera, hasta más de cien litros de agua. No puede hacerle eso al planeta.
Si no lo cuidan todos sus habitantes, el ser humano incluido, lo acabarían notando.
Segundos más tarde y cuando más relajada está, la chica comienza a escuchar a alguien mencionar su nombre.
—Frances. —dice una voz femenina.
Cuando la mujer abre sus hermosos ojos azules se lleva al susto de su vida al descubrir una imagen de su mismísimo rostro mirándola con una sonrisa un tanto inquietante.
—Me gusta que mimes tu cuerpo, nuestro cuerpo.
Ella aterrada intenta salir de la bañera pero una fuerza extraña se lo impide.
—Tranquila. No voy a hacerte daño a menos que me obligues. Pero un día una de las dos tendrá que marcharse...para siempre. —le dice la voz al oído erizando la piel de la joven. —Y esa serás tú. Entretanto aprovecha el tiempo que te queda en ese envoltorio hermoso.
La extraña presencia desaparece rápidamente y Frances experimenta, segundos después, una intensa sensación de ardor en el interior de su cuerpo que la deja sin fuerzas.
En un edificio de pisos, cercano al domicilio de Frances Monroe, otra rubia de cabello ondulado, largo en esta ocasión y con un mechón de pelo tapando uno de sus ojos, Norma Lake se maquilla los labios de un tono granate intenso.
—Somos hermosas, ¿verdad? —dice una voz.
Norma mira a su alrededor intrigada por esa voz casi susurrada, de tono inquietante.
—Voy a lamentar mucho el momento ese cuerpo en el que sea completamente mío y tú ya no existas. —vuelve a decir la voz.
En ese momento a Norma se le hiela la sangre en las venas cuando ve el rostro de una mujer idéntica a ella mirándola y sonriendo con maldad. Aterrada la joven toma el cepillo de su cabello y lo arroja contra el espejo para hacer desaparecer a aquello que está allá. El espejo se rompe y el rostro, su rostro desaparece. Norma respira aliviada y se dispone a seguir con lo que estaba haciendo antes de presenciar aquello, pero una intensa quemazón en el interior de su cuerpo la hace doblarse sobre ella misma.
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